jueves, mayo 23

Putin destituye a Shoigú como ministro de Defensa de Rusia | Internacional

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha destituido al máximo responsable de su fallida invasión de Ucrania, el hasta ahora ministro de Defensa, Serguéi Shoigú (Chadán, URSS, 68 años), tras 12 años al frente de las fuerzas armadas. Miembro del círculo más próximo del mandatario desde que inició su carrera política en los noventa, Shoigú ha sido señalado por el estancamiento de una “operación militar especial” cuya intención inicial era que durase solo días y ha alcanzado ya los 27 meses. El general será sustituido al frente de las fuerzas armadas por un hombre de finanzas, el exministro de Desarrollo Económico Andréi Belóusov (Moscú, URSS, 65 años) en un movimiento que apunta a que el Kremlin planea una guerra larga contra Ucrania. En cualquier caso, Shoigú no abandona el círculo de Putin y será asignado como secretario del Consejo de Seguridad, donde sustituirá al poderoso exjefe del Servicio Federal de Seguridad (FSB, el antiguo KGB) Nikolái Pátrushev (Leningrado, URSS, 71 años), cuyo destino se desconoce.

El portavoz de Putin, Dmitri Peskov, ha explicado que la marcha de Shoigú obedece a la necesidad de adaptar el ejército a la guerra que libra contra Ucrania. “El ganador en el campo de batalla de hoy es aquel que está más abierto a la innovación, más abierto a implementar lo más rápido posible. Por lo tanto, en la etapa actual, el presidente decidió que el Ministerio de Defensa debería estar encabezado por un civil”, ha explicado el Kremlin a los medios rusos.

Putin ha aprovechado la nominación obligatoria de un nuevo Gobierno al inicio de su quinta legislatura para acometer esta revolución. Tras ser investido como presidente el pasado 7 de mayo, el anterior gabinete de ministros cesó en sus cargos al completo, como contempla la ley rusa. Putin confirmó la continuidad de algunos de ellos, como el primer ministro, el tecnócrata Mijaíl Mishustin, y la sustitución de otros.

Shoigú ganó una gran popularidad en los noventa como ministro de Emergencias del presidente Borís Yeltsin. Procedente de la región siberiana de Tuvá, junto a Mongolia, Shoigú se unió al equipo de Putin y fue clave en su victoria electoral. El alto cargo ejerció al frente de Emergencias hasta 2012, cuando el Kremlin le asignó la misión de modernizar un ejército al que su predecesor como ministro de Defensa, Anatoli Serdiukov, despejó de toda su herencia soviética.

El hasta ahora ministro de defensa se apoyó en el jefe del Estado Mayor, Valeri Guerásimov. La popularidad de ambos era muy elevada hasta el inicio de la invasión de Ucrania, e incluso Shoigú llegó a rivalizar con Putin en la aprobación en los sondeos. Sin embargo, su fallida ofensiva y los contraataques ucranios abrieron una fractura en el seno del ejército. La cara más visible de este cisma en el frente ruso fue el jefe del Grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, que osó rebelarse con una columna de vehículos rumbo a Moscú en junio de 2023. Prigozhin, supuestamente indultado, murió al estrellarse su avión dos meses después en circunstancias nunca aclaradas.

La destitución de Shoigú no lleva aparejada la de Guerásimov, que ha sido ratificado como jefe del Estado Mayor. “En cuanto al componente militar, este nombramiento no cambiará su actual sistema de coordenadas. El jefe del Estado Mayor continuará con su actividad y no se prevén cambios al respecto actualmente”, ha declarado el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, a la agencia Tass.

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“A pesar de que Shoigú era uno de los cargos de mayor antigüedad en el panorama nacional —anterior a Putin—, tenía la singular distinción de haber llegado muy lejos sin haberse granjeado ningún enemigo acérrimo”, describía como una de las grandes virtudes del general el analista Mark Galeotti en su libro Las guerras de Putin: De Chechenia a Ucrania.

El relevo en la cúpula del Ministerio de Defensa se produce en un momento de transición en el frente ucranio. Shoigú recuperó parte de su crédito tras el fracaso de la largamente anunciada contraofensiva ucrania en el sur del país, gracias en gran parte a la línea defensiva construida por el malogrado general Serguéi Surovikin, responsable de aquellas tareas defensivas hasta que su cercanía a Prigozhin supuso su caída en desgracia.

Ahora Rusia mantiene la iniciativa y ha logrado tomar en el último año la disputada localidad de Avdiivka, en las inmediaciones de Donetsk, y trata de avanzar hacia Chasiv Yar al mismo tiempo que abre un nuevo frente en torno a Járkov, la segunda mayor ciudad de Ucrania.

Son avances mínimos —hace diez años los separatistas controlaban Slaviansk, a decenas de kilómetros del frente actual— y que peligran con los nuevos paquetes de armas aprobados por Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea. A esas entregas se suma el hecho de que el magnate estadounidense Elon Musk ha prometido que no permitirá a los rusos el acceso a su red de satélites Starlink. De hecho, ambos bandos se encuentran atascados ante las innovaciones de la guerra moderna: en un campo de batalla totalmente visible, los drones y los misiles de precisión han convertido a las columnas de tanques y las grandes acumulaciones de tropas en una presa fácil.

El presidente Vladímir Putin escucha al nuevo jefe de las Fuerzas Armadas, Andrei Belousov (R), el 8 de septiembre de 2017 en Bolshoy Kamen, Rusia.Mikhail Svetlov (Getty Images)

Un experto en finanzas para una guerra larga

Shoigú ha sido reemplazado por un economista cuando la guerra acapara más de un tercio del presupuesto del Estado. Andréi Belóusov sucedió a la actual gobernadora del Banco Central de Rusia, Elvira Nabiúllina, como ministro de Desarrollo en 2012, y un año después fue nombrado asistente del presidente para asuntos económicos.

La carrera política de Belóusov se ha desarrollado en un discreto segundo plano en la última década al formar parte del área tecnócrata del Gobierno. Sin embargo, ha gozado de gran confianza del Kremlin y en 2020 llegó a ejercer como primer ministro en funciones mientras Mishustin se recuperaba de una infección de coronavirus.

Belóusov, hasta esta semana primer viceprimer ministro, es uno de los pocos tecnócratas cercanos al presidente ruso. “Un estadista rodeado de enemigos”. Así es como ha descrito al economista una fuente del Gobierno al diario independiente The Bell. Según el periódico, Belóusov fue el único del círculo económico del Kremlin que apoyó abiertamente la anexión ilegal de la península ucrania de Crimea en 2014.

La dirección del Ministerio de Finanzas continuará sobre los hombros de Antón Siluánov (61 años), responsable de esta cartera desde 2011. Siluánov determinará el dinero disponible para tropas y armas, y con estas cuentas Belóusov se coordinará con Shoigú, cuya nueva labor al frente del Consejo de Seguridad será supervisar la colaboración entre la industria militar y las necesidades de las fuerzas armadas, según ha explicado el portavoz de Putin. Este organismo independiente del Gobierno es responsable de la toma de decisiones que atañen al ejército y a la lucha contra el terrorismo.

Un depósito para los “ex” de Putin

“El Consejo de Seguridad se está convirtiendo en un depósito para las “ex” figuras clave de Putin, a quienes no puede abandonar, pero no hay lugar para albergarlos”, remarca en Telegram la analista política Tatiana Stanovaya, fundadora de R. Politik. Además, su organigrama es revelador de las prioridades del Kremlin. La designación de Shoigú al frente del Consejo de Seguridad mantiene relegado en un segundo puesto en el organismo al expresidente Dmitri Medvédev, quien hace años fue considerado en las quinielas como un posible sucesor de Putin. El locuaz alto cargo no comentó en un primer momento los cambios en la cúpula rusa.

El exministro de Defensa Shoigú sustituirá al frente del organismo a uno de los hombres más poderosos de Rusia, Nikolái Pátrushev, el sucesor de Putin al frente del FSB entre 1999 y 2008. En cualquier caso, Pátrushev seguirá siendo un personaje clave dentro de las murallas del Kremlin, aunque su futuro se conocerá “en los próximos días”, según ha explicado Peskov. El exresponsable del FSB, la organización con más poder dentro del país y rival del ejército, está bien posicionado bajo la protección de Putin. Su hijo, el ministro de Agricultura Dmitri Patrúshev (46 años), prosigue en su carrera dentro del régimen y ha sido elegido por Putin como viceprimer ministro en este nuevo mandato.

En conclusión, son cambios importantes, aunque todo continuará igual con Putin como zar último al frente de Rusia. El mandatario mantendrá además a otros de sus colaboradores más estrechos pese a su elevada edad. El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov (74 años), permanecerá al frente del organismo pese al desmoronamiento de todo el sistema diplomático que tejió estas décadas antes de la invasión de Ucrania; Serguéi Narishkin (69 años) se queda como jefe del departamento de espionaje exterior; y la guardia pretoriana de Putin, Rosgvardia, va a seguir dirigida por el comandante Víktor Zólotov (70 años), hombre al que el presidente confía un segundo ejército independiente que solo responde ante Putin, y no ante el Ministerio de Defensa.

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