jueves, mayo 23

Los “héroes” palestinos que apuntalan la ayuda humanitaria en Gaza | Internacional

Fidaa al Araj vive colgada de lo que llama “un hilo de esperanza”. Con sus seis hijos, de entre tres y 15 años, su marido y sus suegros ha huido ya cuatro veces desde que empezó la guerra en Gaza: 10 personas ahora hacinadas en una única habitación en la meridional Rafah, un techo por el que dice tener suerte. Esa ciudad casi ha sextuplicado su población, antes de unos 250.000 habitantes, con los desplazados que tratan de buscar un lugar seguro que en la Franja ya no existe. Palestinos que antes tenían una vida y ahora sobreviven bajo plásticos en la calle en la guerra en la que Israel ha matado ya a más de 33.000 personas, según el Ministerio de Sanidad del territorio gobernado por Hamás. Esta psicóloga de 39 años pena cada día para encontrar comida y agua para su familia. También para no ceder ante el miedo de que, por su trabajo, se convierta en un blanco, como probablemente sucedió con al menos una parte de los 196 humanitarios muertos hasta ahora en la guerra. Juliette Touma, portavoz de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA), los define como “héroes”.

Al Araj es la coordinadora de Seguridad Alimentaria, Efectivo y Protección de la ONG Oxfam, cuyos 26 empleados en Gaza son ahora, sin excepción, palestinos, relata la mujer por teléfono. Hace dos meses, sus compañeros y ella se las apañaron para acondicionar una oficina en Rafah, donde siguen gestionando la labor de la ONG, en colaboración con las oficinas internacionales de Oxfam. “Nunca hemos dejado de trabajar”, explica la cooperante, que calcula que la asistencia humanitaria de su organización desde noviembre ha beneficiado al menos a 200.000 personas, casi el 10% de los 2,2 millones de gazatíes. Han repartido comida, material para fabricar refugios, mantas, colchones y artículos de higiene. También han instalado una de las especialidades de su organización: las letrinas y las duchas, en los campos de desplazados por la guerra.

Fidaa al Araj, en Gaza, con edificios destruidos al fondo, en una imagen cedida por Oxfam.

El de Fidaa al Araj no es un perfil insólito. Como en la mayoría de los lugares que dependen de la ayuda humanitaria, en Gaza, el grueso de los cooperantes son locales. Otro ejemplo lo ofrece Médicos sin Fronteras. Fuentes de esta ONG apuntan que, en su caso, la proporción es de nueve gazatíes por cada expatriado, mientras que Julie Mehigan, directora de programas en los territorios ocupados palestinos de Christian Aid, asegura por correo que el “99%-100%” de personas que trabajan con ellos en la Franja son palestinas.

Esa realidad rompe con el mito del salvador blanco, que alude al tópico que identifica a los cooperantes con varones caucásicos de países ricos. El impacto mediático y diplomático de hechos como la muerte en un ataque israelí de seis humanitarios occidentales de la ONG World Central Kitchen (WCK) el pasado lunes contribuye a reforzar ese estereotipo. Solo esos seis humanitarios, del total de 196 que han muerto en la guerra, eran expatriados.

Los cooperantes palestinos cuyas muertes pasaron casi inadvertidas perecieron también “mientras cumplían su deber de proporcionar ayuda humanitaria”, recuerda desde Jordania la portavoz de la UNRWA. En esa agencia de Naciones Unidas trabajaban 177 de las casi 200 víctimas. “Nuestros compañeros mantienen ese compromiso tan noble con su gente cuando ellos mismos son víctimas de la guerra: han sido desplazados, han perdido sus hogares y a sus seres queridos, pero continúan su labor porque sienten que es su deber”, asegura Juliette Touma.

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La UNRWA es el principal actor humanitario en Gaza y quien dispone de más infraestructura: edificios, vehículos, almacenes y, sobre todo, personal. Con sus 13.000 empleados supera a la suma de los trabajadores de todas las otras organizaciones presentes en el enclave. La mayoría son profesores en las 183 escuelas de la agencia, en las que estudiaban casi 300.000 niños. Esos colegios y otras instalaciones de la UNRWA cobijan ahora a unos 1,7 millones de desplazados y las clases se han detenido. De ahí que solo 4.000 trabajadores del organismo, que también dispone de 22 centros de salud en la Franja, sigan activos. Son médicos, enfermeros, matronas, conductores o quienes reparten la harina que desde noviembre ha beneficiado a 1,8 millones de personas. Solo entre 25 y 30 de sus cooperantes en Gaza son extranjeros.

El enorme peso de esta institución confiere singularidad a la ayuda humanitaria en Gaza. La UNRWA es un caso único. Ningún otro organismo de Naciones Unidas se dedica específicamente a una población refugiada concreta. Martin Griffiths, subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios, la define como “la columna vertebral” de la asistencia en el territorio.

“No hay ningún otro actor humanitario en Gaza que pueda proporcionar alimentos, agua y medicinas a la escala que lo hace la UNRWA”, reconoció en febrero Matthew Miller, portavoz del Departamento de Estado de EE UU, el más firme aliado de Israel, que profesa una declarada aversión a la agencia y no esconde su propósito de acabar con ella. A pesar del creciente peso del trabajo ahora suspendido de World Central Kitchen, esta agencia y las otras 22 de Naciones Unidas en Gaza —Unicef, el Programa Mundial de Alimentos o la Organización Mundial de la Salud, entre ellas— han proporcionado el 80% de la asistencia humanitaria dispensada en estos seis meses de guerra en la Franja, según datos de la propia Administración israelí.

Un médico palestino de la Media Luna Roja llora en un funeral en Deir al Balah, en el centro de Gaza, el 22 de enero de 2024.
Un médico palestino de la Media Luna Roja llora en un funeral en Deir al Balah, en el centro de Gaza, el 22 de enero de 2024.AFP

También alrededor de 70 ONG internacionales auxilian a la población gazatí, según un cálculo de este diario basado en información pública y de Naciones Unidas. La ONU organiza la asistencia humanitaria con ellas a través de lo que llaman clústeres o sectores. Son seis: educación, seguridad alimentaria, salud y nutrición, protección, refugio y agua, saneamiento e higiene.

La ONG de Fidaa Al Araj, Oxfam, codirige el sector de agua, saneamiento e higiene junto con Unicef. Un ejemplo de su trabajo de coordinación sería evitar que dos organizaciones instalen letrinas en el mismo campo de desplazados y dejen a otros sin ellas. Ninguno de estos sectores, explica desde Rafah la cooperante, ha dejado de funcionar por la guerra.

Además de Oxfam, en Gaza están presentes otras importantes ONG internacionales: Médicos sin Fronteras, International Rescue Committee, Médicos del Mundo, Norwegian Refugee Council, Action Against Hunger, Care International, Save the Children, Anera o Christian Aid, entre otras, a las que se suman muchas ONG locales, que colaboran con ellas y con la ONU.

Por ejemplo, HelpAge International asiste a sus beneficiarios —los ancianos vulnerables— gracias a su socia palestina Juzoor. Su personal local los identifica y les dispensa la ayuda, explica desde Ramala (Cisjordania) su fundador, el doctor Umaiyeh Khammash. El último informe sobre la situación en Gaza de Unicef recoge que, “la mayoría de las respuestas [acciones humanitarias] del clúster [de educación] habían sido proporcionados por socios locales”.

Una legión de voluntarios gazatíes apuntala a su vez el trabajo humanitario en Gaza. Solo la ONG Anera tiene 400, según su presidente, Sean Carroll. Alguno de los 11 muertos de la Media Luna Roja Palestina desde el 7 de octubre eran voluntarios. Otros, empleados, como Yusuf Zeino y Ahmed al Madhun, que murieron tratando de rescatar a la niña Hind, de seis años. Como sucedió el lunes con WCK, su ambulancia fue atacada con un misil. También estaba identificada y se había avisado a las autoridades israelíes de su trayecto. Nadie ha pedido perdón por esas muertes ni Israel ha sufrido presiones públicas para aclararlas.

“Apreciamos a todos los trabajadores humanitarios que murieron mientras intentaban ayudarnos en Gaza”, decía este sábado un tuit del periodista palestino Hossam Shabat. Y continuaba: “Pero nuestras vidas importan tanto como las suyas (…) Las vidas palestinas merecen ser lloradas tanto como cualquier otra vida”.

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