jueves, mayo 23

La Federación se cierra como una concha | Fútbol | Deportes

Pedro Rocha se presentó en el juzgado brillante y juncal, con su mejor traje, la barbilla alta y una sonrisa irónica, y salió fingiendo que mantenía una conversación telefónica de alto interés… hasta que el móvil sonó, denunciando la superchería. Fue el retrato perfecto de una situación ridícula en torno a un hombre ridículo.

Se había hecho el listillo ante la juez y el fiscal (a mí me vas a pillar, con lo que traigo aprendido de la universidad de la calle) y si entró como testigo salió de investigado. Muy poco después le llegó otro estacazo: el expediente del TAD.

No me extenderé sobre lo que ya sabemos: era vicepresidente económico de esa Federación descuidadilla con las cuentas, le designó Rubiales como sucesor, maniobró para convertir su condición transitoria en definitiva, fue echando colaboradores no por motu proprio, sino cuando las circunstancias hicieron evidente que eran insostenibles.

A los últimos que echó, lo hizo cuando entraron en calidad de investigados. Cuando él cayó en esa pesarosa condición no se apartó, decidió resistir.

Pero es buena persona, me dicen.

Tan buena persona que había acumulado 107 avales, dejando sólo unas pocas migas para Carlos Herrera (seis, sacados a pico y pala por Roberto Gómez, el hombre mejor relacionado y con más amistades de todos los periodistas deportivos de España) y Eva Parera (confiesa cuatro, sin decir quiénes). La Federación, cuyo control está en manos de los 19 presidentes regionales (uno por autonomía más Ceuta y Melilla) entre los que abundan procesos y conductas poco edificantes, se ha cerrado como una concha. Todo su interés es mantener el chiringuito como está, que no entre nadie que se lo estropee. Tal como es el sistema, controlan más de 80 de los 145 votos de la asamblea, ahora disminuidos porque hay asambleístas que han perdido la condición en este tiempo.

De entre ellos no han sabido extraer ninguno más capacitado y ejemplar que Rocha, lo que da una idea del colectivo.

Pero no llegan a los 107 avales. Les ha llegado un puñado del fútbol profesional porque Tebas respalda a Rocha. Le desprecia (“estaba de florero”, declaró en Relevo, al tiempo que decía que hay miles mejores que él), pero cuenta con manejarlo, y de hecho en cuanto Rocha encabezó la gestora desactivó la guerra que Rubiales mantenía contra Tebas y se echó en sus brazos.

Y casi diría que el Gobierno se hubiera merecido eso, una Federación en manos de Tebas, porque el apoyo que, vía CSD, le prestó a Rubiales, en especial durante el mandato de José Manuel Franco con una complacencia cómplice rayana en la prevaricación, se justificaba en que “había que equilibrar el poder de Tebas”. Ya vemos dónde nos llevó ese lema.

¡Ay el CSD! Quizá ahora esté en mejores manos. De momento, Rodríguez Uribes ha tomado decisiones contrarias a sus dos predecesores. Dos zigzagueos en decisión correcta. Pero también tiene que poner orden en su propia casa: en el sumario aparecen grabaciones de su número dos, Fernando Molinero, conchabándose con González Cueto, el Rasputín de Rubiales, uno de los investigados. Algo de todo punto descalificante.

No se me ocurre más salida que la intervención de la FIFA, al modo de la que tuvo en Argentina a la muerte de Grondona, que ya conté aquí. En su seno hay un español de buen tono y alto prestigio, Emilio García Silvero, director legal de la FIFA, que ya pasó por la Federación. Pero, ay, su hermano Miguel Ángel, que trabaja en la misma, está entre los investigados del Caso Brodie, porque su responsabilidad eran las obras de la misma.

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