domingo, junio 23

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Cronología: Vladímir Putin (y el Kremlin) contra Alexéi Navalni

Alexéi Navalni, graduado en derecho de negocios, comenzó en 2007 a comprar acciones de empresas semipúblicas con el propósito de acceder a sus cuentas y exigir transparencia en su gestión. Ese mismo año, fue excluido del partido de oposición liberal Yábloko acusado de posturas ultranacionalistas. Tres años después, desde su web Rospil comenzó a rastrear casos de corrupción analizando cuentas y contratos administrativos. En el invierno de 2011, el opositor lideró el movimiento de protesta contra las elecciones legislativas ganadas por el partido en el poder. Las manifestaciones alcanzaron una magnitud sin precedentes desde la llegada al poder de Putin en 2000.

Entonces, Navalni enfrentó sus primeras penas de prisión. Para combatir la corrupción gubernamental, fundó la Fundación Anticorrupción (FBK). En julio de 2013, el opositor fue condenado a cinco años de cárcel acusado de desviar fondos (el llamado caso Kirovles). Navalni denunció que se trataba de un procesamiento político. En la apelación de la condena, consiguió la libertad condicional. Un par de meses más tarde, en septiembre, se consolidó como líder de la oposición a Putin al conseguir el 27,2% de los votos en las elecciones a la alcaldía de Moscú frente al alcalde saliente Serguéi Sobianin, cercano a Putin. Dos años después de ese hito, su formación, el Partido del Progreso, fue prohibida.

En diciembre de 2016, Navalni anunció su candidatura a las presidenciales de 2018. Medio año después de hacerlo, la comisión electoral declaró su inelegibilidad debido a la condena en el caso Kirovles. En paralelo a sus aspiraciones políticas, Navalni siguió persiguiendo la corrupción política. En 2017 publicó una investigación en la que acusaba a Dmitri Medvédev de liderar un imperio inmobiliario financiado por oligarcas. De nuevo, miles de personas salieron a la calle por todo el país con patos de plástico, en referencia a una de las residencias del político, fiel al presidente.  

El 20 de agosto de 2020, Navalni estuvo al borde de la muerte. Después de ser hospitalizado en estado grave en Siberia, fue trasladado en coma a Berlín por solicitud de sus allegados. El 2 de septiembre, Berlín concluyó que fue envenenado con una sustancia similar al Novichok, un neurotóxico desarrollado con fines militares en la era soviética. Navalni culpó directamente a Putin. Moscú calificó estas acusaciones de “inaceptables”. Navalni pasó cinco meses recuperándose del veneno y a primeros de 2021 decidió regresar a Rusia. Sabía que sería detenido nada más llegar a su país, lo que ocurrió en cuanto aterrizó en Moscú, el 17 de enero, y con decenas de miles de simpatizantes manifestándose en su apoyo.

El colectivo del opositor había publicado una información sobre un palacio construido por Putin en el mar Negro. El vídeo fue visto por millones de personas en YouTube. Y el presidente ruso tuvo que aclarar el asunto y negar las acusaciones. El 2 de febrero, la justicia volvió a recurrir al caso caso Kirovles: cambió la libertad condicional que le había sido otorgada por una condena a dos años y medio de cárcel. Fue trasladado a un penal en Pokrov, a unos 100 kilómetros al este de Moscú. Las protestas en su apoyo no se hicieron esperar: hubo 10.000 arrestos. Su organización de investigación de la corrupción FBK fue clausurada tildándola de “extremista”.

Mientras en Rusia Navalni era descrito como “terrorista y extremista”; la Unión Europea le otorgaba, en octubre de 2021, el premio Sájarov a la libertad de conciencia. En marzo de 2022, fue condenado a nueve años de prisión por supuesta “estafa” y “desacato a la autoridad”. Fue trasladado a la prisión de alta seguridad de Mélejovo, a unos 240 kilómetros al este de Moscú. Desde la cárcel ha mantenido sus críticas a la invasión de Ucrania. El opositor suma ahora 19 años con la nueva condena por “extremismo”. El juicio se realizó en la misma prisión y a puerta cerrada. Navalni ha asegurado que espera una condena “larga y estalinista”. (Afp)