viernes, junio 21

Finanzas: ¿Quiere que su dinero brille en 2024? Estos son los consejos de inversión de los asesores financieros | Negocios

La profesión de pitoniso financiero es un oficio de riesgo (cada vez más). A los analistas les cuesta mojarse sobre lo que ocurrirá en los mercados en 2024, después de la anunciada recesión en Estados Unidos que nunca llegó y de unas Bolsas que han sorprendido con fortísimas revalorizaciones en 2023. Si hay que sacar alguna conclusión de todos los informes de estrategia publicados en las últimas semanas, esta sería que los bonos se presentan como la inversión más atractiva a medio plazo. Ahora queda por ver si ese augurio esta vez sí se cumple porque la deuda era ya para muchos expertos hace justo un año la opción más clara y, sin embargo, durante buena parte de 2023, la inversión en renta fija (donde el precio se mueve de forma inversa a la rentabilidad) provocó pérdidas a muchos ahorradores.

Antes de entrar en materia sobre los activos con más potencial para los próximos 12 meses, conviene recordar en qué contexto económico se deberían mover los mercados. Entre las incógnitas aún por despejar está si las principales economías mundiales lograrán el ansiado aterrizaje suave o, por el contrario, entrarán en recesión. La otra gran pregunta, muy ligada a la primera, es si la pendiente desinflacionista continuará, lo que permitiría a los bancos centrales rebajar los tipos de interés en algún momento de 2024 tras las intensas subidas aplicadas en 2023. Por si estos interrogantes fueran pocos, los desequilibrios estructurales de China siguen esparciendo desconfianza entre unos inversores que, en el plano geopolítico, inauguran el curso con dos conflictos armados aún abiertos (Ucrania y Oriente Próximo) y un calendario electoral repleto de citas, entre ellas la carrera por las llaves de la Casa Blanca en EE UU.

En cierta medida, el mercado ya ha adelantado (o descontado) gran parte de los interrogantes que se plantean. Buena muestra es la bajada de la rentabilidad en los bonos a lo largo de diciembre. Se espera un decrecimiento económico suave en las economías desarrolladas, apoyadas —si es necesario— en el aumento de los déficits públicos. Andrew McCaffery, responsable global de inversión de Fidelity, considera que existe voluntad política de mantener déficits presupuestarios elevados e intervenciones de los Estados en diferentes formas, alentadas por el calendario electoral. “Nuestra hipótesis de trabajo es una recesión cíclica que se sustanciaría en una contracción económica moderada seguida de un regreso al crecimiento a finales de 2024 o comienzos de 2025″, explica McCaf­fery en el informe de perspectivas publicado en diciembre.

Fidelity, como la inmensa mayoría de gestoras, bancos de inversión o casas de Bolsa, creen que lo que pase con los tipos será la clave de bóveda que sustente cualquier estrategia de inversión. La idea más extendida es que las rebajas en el precio del dinero no llegarán, como pronto, hasta la segunda mitad del próximo año, con dudas sobre cuándo se logrará el objetivo de inflación del 2% marcado por la Reserva Federal (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE).

Desde el gigante mundial de fondos, BlackRock, consideran que la inflación no está tan controlada como esperan la mayoría de analistas, que están echando demasiado pronto las campanas al vuelo sobre las bajadas de tipos. Javier García, jefe de ventas de BlackRock en España, es muy claro: “El mercado se está equivocando al evaluar la coyuntura. Hay factores estructurales como la transición energética, las tensiones geopolíticas o el envejecimiento de la población, que son eminentemente inflacionistas”. Los analistas de Renta 4 también se muestran cautos con la rebaja de tipos y el control de los precios: “Las expectativas de bajadas de tipos por parte de los bancos centrales parecen prematuras”, y consideran la demografía, la descarbonización y la desglobalización elementos inflacionistas. En cambio, Barclays se apunta a un mayor optimismo: “Si bien es difícil entusiasmarse con las perspectivas macroeconómicas para 2024, es importante no subestimar la capacidad del sector privado para adaptarse y navegar en tiempos de incertidumbre. Los balances empresariales siguen, en su mayor parte, sanos. La innovación continúa sin cesar. En par­ticular, la adopción exponencial de la inteligencia artificial (IA) podría allanar el camino para una de las revoluciones tecnológicas más rápidas”, destaca el banco británico.

A continuación, se exponen las previsiones de los analistas para las principales clases de activos en 2024.

Después del inesperado rally protagonizado por la renta variable en el tramo final de 2023, los expertos se plantean el próximo ejercicio con más cautela. Las claves estarán en la evolución de los beneficios empresariales en un contexto económico de desaceleración (o incluso recesión) y en las esperadas bajadas de los tipos de interés. Teniendo en cuenta esas dos variables, el consenso del mercado señala que el final de año será más positivo para las acciones cuando se empiece a vislumbrar la mejora económica y el precio del dinero más barato sea una realidad palpable.

Por ejemplo, Bankinter prevé un alza para el español Ibex 35 del 12% en 2024 que amplía al 14% en los casos del S&P 500 y del Euro­Stoxx 50. Eso sí, el mercado tendrá que consolidar, o sea, bajar, antes de rebotar. “Las Bolsas están bien soportadas por la recuperación de los resultados corporativos tras un 2023 casi plano, los sólidos datos de empleo, un crecimiento suficiente, aunque no generoso, y tipos de interés a la baja, sea cual sea el momento para su materialización”, explican. A Bankinter le gustan las tecnológicas y las inmobiliarias, mientras reducen posiciones en bancos y petroleras. Por su parte, Renta 4 coloca el Ibex con una valoración de 11.850 puntos frente a los 10.086 actuales. Aunque ve descuento en las Bolsas europeas frente a la estadounidense, las expectativas de beneficios favorecen a esta última con una previsión de crecimiento del beneficio por acción (BPA) del 11%, que baja hasta el 5% para el EuroStoxx 50 y de solo el 2% para el Ibex 35. Entre sus valores preferidos del mercado español destacan Repsol, Grifols, Sacyr, Indra e IAG.

En el banco suizo Julius Baer apuntan a un año 2024 favorable para las acciones de los países desarrollados. “Esperamos que la mayor parte de la rentabilidad se coseche en el último tramo del año que viene, cuando los bancos centrales activen un nuevo ciclo para la economía mundial con la bajada de tipos. Mientras tanto, la actividad económica puede seguir desacelerándose, lo que implica que los inversores harán bien en mantener su exposición a acciones defensivas y de crecimiento de calidad, que suelen rendir bien en esos entornos”, aconsejan.

El banco estadounidense Goldman Sachs se muestra relativamente optimista con las Bolsas. Uno de sus argumentos para su apuesta por el mercado europeo es su buen comportamiento en situaciones de reducción de la inflación y en unos tipos bajos que favorecerán operaciones de fusiones y adquisiciones en el mercado. Sus temores se centran en que el mercado ya está descontando un aterrizaje suave de las economías, en unos precios caros en el caso de las acciones estadounidenses y en la capacidad del crecimiento del beneficio empresarial.

Los analistas de Bank of America, sin embargo, ven complicada la ganancia en los índices europeos en la primera parte del año. “Esperamos un importante debilitamiento del ciclo de ganancias, con una caída del beneficio por acción del índice Stoxx 600 de más del 15% para finales de año en respuesta al debilitamiento del impulso macroeconómico”, explican desde el banco de inversión estadounidense.

Incluso si el año para la renta variable resulta ser discreto, hay sectores o segmentos del mercado a los que los expertos asignan más potencial que a otros. Desde JPMorgan, por ejemplo, consideran que el incremento de los beneficios de las acciones de gran capitalización debería acelerarse y podría impulsar al alza las Bolsas durante el próximo año. “El futuro de la inteligencia artificial y el potencial alcista de las acciones de las farmacéuticas, con un negocio cada vez más importante en todo lo relacionado con la obesidad, también ofrecen una oportunidad atractiva para los inversores con vistas al próximo año”, explican. En esta misma línea, los gestores de Fidelity ven atractivos los valores de mediana capitalización junto con gran parte del S&P 500 que no se sumó a la subida de las denominadas siete grandes (Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla). Sin embargo, descartan las compañías más pequeñas por su sensibilidad a la desaceleración económica. “Los valores que se asemejan a bonos, como los de servicios públicos, consumo básico y atención sanitaria, también lo suelen hacer bien en una recesión cíclica como la que prevemos”, indican. Y en la gestora de AXA, Chris Iggo, director de Inversiones, considera que el entusiasmo actual en torno a la inteligencia artificial y su potencial para impulsar el crecimiento podrían seguir ofreciendo un fuerte aumento de los beneficios y rendimientos a los inversores en ciertas partes del mercado bursátil.

Por último, Santander Wealth Management explica en su informe de previsiones que será clave identificar el punto de inflexión en los ajustes a la baja de las estimaciones de beneficios para elevar la exposición a la renta variable el próximo año. La unidad de gestión de activos del Santander cree que en la Bolsa europea el nivel actual de valoración por múltiplos de beneficios se ajusta a la norma histórica en este entorno de tipos de interés. En cambio, en la Bolsa estadounidense observan un exceso en la valoración respecto a las cotizaciones históricas en niveles de tipos de interés similares.

En 2024, la renta fija vuelve a ser el activo estrella, el más recomendado por los expertos. Sin embargo, después de la experiencia de volatilidad vivida en 2023 (con pérdidas en buena parte del ejercicio) y el auténtico fiasco de 2022 fruto de la subida de los tipos de interés, conviene tomar sus precauciones. Hay que distinguir entre el cupón que ofrece una letra, un bono, una obligación, y los movimientos en los mercados donde se negocian y que provocan subidas y caídas de los precios de estos activos. Otro aspecto importante a tener en cuenta, y más con unas economías en desaceleración, es la posibilidad de que aumenten los impagos, es decir, que las empresas que han lanzado esos bonos tengan buenos resultados con los que pagar los intereses prometidos y devolver lo invertido cuando llegue el momento.

En un escenario de bajada de tipos de interés por parte de los bancos centrales a partir de la segunda mitad del próximo año, los inversores se quieren asegurar los elevados cupones que ahora se pagan, al tiempo que confían en que esos tipos más bajos permitan conseguir plusvalías de los bonos en los mercados. Este es el escenario ideal por el que apuestan los expertos, pero se pueden encontrar sobresaltos en el camino. La gestora estadounidense Nuveen se apunta a nuevas caídas de los tipos de los bonos que eleven sus precios: “Aunque las rentabilidades de los bonos han retrocedido desde los máximos del ciclo alcanzados en octubre, los inversores aún pueden aprovechar las rentabilidades actuales sobreponderando la renta fija en sus carteras”, explican.

Joaquín García Huerga, director de estrategia global de la gestora del BBVA, indica que en términos de rentabilidad ajustada por riesgo prefieren la renta fija a la variable. “No obstante, dada la incertidumbre actual sobre el ciclo económico y la situación geopolítica, el posicionamiento puede requerir dosis de flexibilidad a lo largo de 2024″. También los analistas del banco de inversión Jefferies dan más peso a los bonos soberanos y al crédito empresarial. “La valoración también favorece a la renta fija frente a las acciones. Nuestro marco de primas de riesgo para la renta variable sugiere que las valoraciones de los bonos son más baratas. Eso sí, hay que hacer una gran advertencia: hay una avalancha de emisiones, sobre todo de EE UU, que llegará al mercado el año que viene”, indican.

Desde Renta 4 prefieren, de momento, adquirir deuda de duraciones cortas (las más seguras en caso de un episodio de subida de tipos) e ir alargando la duración sin prisas. Tanto la desinflación como la desaceleración económica empujan a que los tipos bajen y los bonos actuales se aprecien. Ahora bien, hay elementos que pueden provocar subidas de intereses en los mercados. Entre ellos, según Renta 4 Banco, la elevada oferta de emisiones (fruto del alto gasto público y refinanciación de deuda); reducción de balances de los bancos centrales); los mensajes de endurecimiento monetario de los bancos centrales si no se controla la inflación, y la vuelta de las reglas fiscales en Europa. En esta dirección, también apunta BlackRock que opta por sobreponderar los bonos estadounidenses a corto plazo. En su opinión es pronto para tener una posición fuerte en bonos con plazos más largos hasta que se despeje el panorama económico.

Los expertos de Julius Baer, sin embargo, se decantan más por los plazos largos. “No esperamos subidas de los rendimientos en los próximos 12 meses, pero, aunque fuera el caso, los inversores en renta fija de Estados Unidos podrían asumir casi un 6% en valores del Tesoro estadounidense a 10 años sin perder dinero en el rendimiento total de 12 meses”, indican en la entidad suiza. Y si vamos a los bonos privados, los expertos de la gestora Jupiter indican que “las previsiones macroeconómicas actuales apoyan un sólido rendimiento continuado de los mercados de bonos corporativos, con bonos de grado de inversión (alta calidad) que ofrecen rendimientos cercanos al 6% en EE UU y al 4,25% en Europa”.

Muchos han augurado el fin del reinado del dólar como la moneda mundial de referencia, pero esa muerte no acaba de llegar. “Nosotros (como muchos otros observadores a largo plazo) hemos anunciado una y otra vez el fin de este mercado alcista sin precedentes y no hemos acertado”, reconocen en Julius Baer. Es verdad que en 2023 el billete verde se ha depreciado, pero solo ligeramente, frente al euro: comenzó en enero en 1,0795 dólares por euro y ahora se mueve en 1,1057 dólares. Son varios los motivos que explican esta fortaleza de la divisa estadounidense en el largo plazo: EE UU cuenta con una economía muy resiliente que sigue siendo dominante a nivel geopolítico, ha llegado a ser autosuficiente para el suministro de energía (hace poco pasó a ser exportador neto) y es líder tecnológico en múltiples campos. Esto es lo que ha convertido también al dólar —que ya de por sí es la divisa de reserva internacional— en refugio en momentos de crisis. “Para 2024 prevemos una estabilización del apetito por el riesgo, con ciertas perspectivas de mejora cuando se produzca un giro en la política monetaria. Esto mantendría al dólar en su rango actual hasta que finalmente se debilite un poco, especialmente porque la ventaja de crecimiento de EE UU debería disminuir a lo largo del año”, explican desde el banco suizo.

Los analistas de Bankinter esperan una depreciación de la moneda estadounidense —con el cambio en el rango 1,10-1,15 dólares frente al euro—, y argumentan que el BCE bajará tipos después y con menos intensidad que la Fed. En Renta 4 esperan una depreciación en el rango de 1,15-1,20 dólares por euro porque la Fed bajará antes tipos, se reducirá el diferencial de crecimiento con la Eurozona y habrá un mayor apetito mundial por el riesgo.

En su informe de divisas para 2024, Goldman Sachs sostiene que la fortaleza del dólar no se erosionará rápida ni fácilmente. La cotización “no puede avanzar mucho más de los 1,20 dólares hasta que no haya evidencia clara del fin de los desajustes de la eurozona por el aumento del precio de la energía y otros factores que han pesado en los últimos años”, indican. En Bank of America también se apuntan a un 2024 con un dólar más débil, aunque matizan que “un número de escenarios alternativos sugieren una trayectoria a la baja del dólar entrecortada, más lenta, o incluso con algún repunte en el corto plazo. La bandera alcista del oro y su relativa fortaleza frente al petróleo y el cobre son un viento en contra para el dólar”.

China condiciona el apetito por los emergentes

Las Bolsas chinas se han descolgado de las fuertes subidas vividas en los mercados desarrollados. El índice Hang Seng de la Bolsa de Hong Kong ha caído en el año el 17,5%, en línea con otros indicadores sectoriales. La crisis del sector inmobiliario se alarga sin fácil solución y el descontrol en las deudas regionales sigue pesando en el ánimo de los inversores que llevan dos años ausentes del gigante asiático. La evolución de la economía es clave para Europa por sus exportaciones y también por los efectos en el precio del petróleo que ahora demanda en menor cuantía. China es la punta de lanza de la inversión en los mercados emergentes mundiales que este año no han tenido buen comportamiento, pero que ahora los analistas vuelven a mirar por la expectativa de ganancias más moderadas en los mercados desarrollados y los bajos precios de los menos desarrollados.
Goldman Sachs espera que la economía china crezca un 4,8% en 2024, algo menos que este año, pero con un mayor equilibrio entre sus componentes. Además, prevé una subida de dos dígitos en sus mercados de acciones, apoyada en un crecimiento del beneficio por acción del 10%. Tecnología y consumo masivo serían sus sectores favoritos.
Ben Laidler, estratega de mercados globales de la plataforma de inversión eToro, anticipa que 2024 debería ser mejor para los mercados emergentes gracias a “la estabilización de la economía china, la caída de los tipos de interés mundiales y la relajación del dólar estadounidense”. Sin duda, los bajos precios también son un reclamo para el inversor. En el caso de China, apunta que “es una atractiva opción de inversión para los valientes, con una economía en vías de estabilización y unas previsiones del PIB al alza, mientras lucha contra el triple viento en contra de los sectores de consumo, inmobiliario y manufacturero exportador en dificultades. Las valoraciones se han reducido a menos de 10 veces el PER (veces que el precio contiene el beneficio por acción), y el ánimo de los inversores ha estado muy deprimido después de que el mercado se haya reducido a la mitad en tres años”, explica.
Andrew McCaffery, responsable de inversión global de Fidelity, ve más estabilización que oportunidad en el caso de China. “El tan esperado camino hacia la recuperación de China está encontrando más baches de los esperados. La particular historia del país exige un conjunto de escenarios propios para 2024 y, en conjunto, consideramos que Pekín conseguirá alcanzar sus objetivos de crecimiento este año, pero hará poco más, ya que se impondrá un periodo de estabilización controlada”, comenta. Y los analistas de la gestora Carmignac centran el problema en su abundante deuda: “Las rondas escalonadas de estímulo fiscal e inyecciones de liquidez deberían bastar para estabilizar el crecimiento de China en el primer semestre, pero es necesaria una resolución integral del problema de exceso de deuda, algo que se resiste por razones políticas”, concluyen.

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