jueves, mayo 23

El pago de dividendos empresariales crece 3,5 veces más que los salarios desde 2020 en España | Economía

España no escapa de la tendencia global de aumento de la desigualdad económica. Entre 2020 y 2023, los dividendos pagados a los accionistas alrededor de los cinco continentes superaron en 15 veces el incremento de los salarios de los trabajadores. Aunque en España la brecha fue algo menor, llegó a 3,5 veces. Los cálculos han sido publicados este miércoles por Oxfam Intermón con motivo del Primero de Mayo y reflejan una “preocupante” disparidad en la distribución de la riqueza generada por las empresas a nivel mundial y nacional.

Según el Janus Henderson Global Dividend Index, que cubre y analiza las 1.200 compañías más grandes del mundo, los dividendos van este 2024 camino de superar el récord histórico de 1,66 billones de dólares (1,54 billones de euros al cambio actual) registrado el año pasado. Este índice señala que estas grandes multinacionales distribuyen el 90% de los dividendos a nivel global, por lo que su desempeño permite tomar el pulso de la tendencia de todo el planeta. A partir de aquí, la investigación de Oxfam revela que, tras ajustar los datos a la inflación, los dividendos a nivel global en 31 países aumentaron un 45% entre 2020 y 2023, mientras que los salarios solo lo hicieron un 3%. Si se excluye a China de la ecuación, los salarios reales en estos países incluso mostraron una caída del 3%.

En España, el escenario parece ser igualmente desalentador. Durante el mismo período, y teniendo en cuenta el impacto de la escalada de los precios, los dividendos crecieron un 35%, mientras que los salarios apenas aumentaron un 0,5% en términos reales. En contraste, el sueldo medio de los altos directivos de las 50 mayores empresas del país experimentó un incremento del 25% entre 2020 y 2022, siempre ajustado a la inflación.

Para elaborar estos cálculos a nivel estatal, explican desde Oxfam, se ha utilizado el coste total por trabajador mensual a partir de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral (ETCL) del INE, y se ha estimado a partir de ella el valor de los sueldos y salarios considerando el peso promedio de esta partida entre 2008 y 2022.

Según el índice de Janus Henderson, desde una perspectiva geográfica, Estados Unidos y la Unión Europea lideraron el reparto de dividendos. Europa, excluyendo a Reino Unido, contribuyó con dos quintas partes al crecimiento global al aumentar los pagos un 10,4%, hasta los 300.000 millones de dólares. En Estados Unidos, por su parte, la tasa repuntó un 5,1%, mientras que Japón perdió protagonismo por la debilidad del yen.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), señala Miguel Alba, responsable de sector privado y desigualdad de Oxfam Intermón, ha advertido que la desigualdad de ingresos está aumentando. “Los beneficios empresariales y los dividendos pagados a los accionistas ricos están por las nubes, mientras que los salarios continúan estancados”, recalca. Según Alba, este desequilibrio conduce a millones de personas a un ciclo de esfuerzo y dedicación que no les permite siquiera cubrir necesidades básicas como alimentación y medicinas.

El análisis de Oxfam, basado también en datos de la Coalición Global del Salario Digno (GLWC), muestra que solo dos de los 37 países analizados ofrecen un salario mínimo por encima del salario digno estimado necesario para cubrir necesidades básicas. En Bangladesh, por ejemplo, este salario mínimo apenas representa el 6% de lo que se consideraría una remuneración digna.

Estos resultados son una llamada de atención sobre el aumento de la pobreza laboral. Casi una de cada cinco personas trabajadoras en el mundo gana menos de 3,65 dólares al día en términos de paridad de poder adquisitivo, un umbral considerado de pobreza. En los países de renta baja, el 66% de las personas trabajadoras percibe salarios bajo esta línea de pobreza.

“Ninguna empresa debe dar dinero a los accionistas ricos si no paga un salario digno a todos sus trabajadores y trabajadoras”, concluye Alba. La recomendación de la organización sin ánimo de lucro es clara: los gobiernos deben limitar las retribuciones a los accionistas, apoyar a los sindicatos y legislar en favor de salarios dignos, premiando el trabajo en lugar de la acumulación de riqueza.

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