viernes, junio 21

El Atalanta frena en seco al Bayer y levanta la Liga Europa | Fútbol | Deportes

La Dea, la diosa de Bérgamo, el equipo de provincias de Lombardía, siempre a la sombra del Inter y el Milan, frenó en seco la extraordinaria galopada del Bayer Leverkusen y conquistó su primer título europeo con un partidazo ayer en Dublín. De punta a punta, el Atalanta no dio respiro a su rival. El majestuoso Ederson se impuso a Xhaka en la desigual batalla del mediocampo y Ademola Lookman, un trashumante del fútbol que migró por Inglaterra, Alemania e Italia, reventó la final con tres goles. El mazazo paralizó al Leverkusen. El campeón de la Bundesliga perdió su primer partido después de 51 invictos. Un récord con final amargo.

3

Juan Musso, Isak Hien, Kolasinac (Giorgio Scalvini, min. 45), Djimsiti, Éderson Silv, Teun Koopmeiners, Matteo Ruggeri (Rafael Tolói, min. 91), Zappacosta (Hans Hateboer, min. 83), Charles De Ketelaere (Pasalic, min. 56), Ademola Lookman y Gianluca Scamacca (El Bilal Toure, min. 83)

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Leverkusen

Matej Kovar, Jonathan Tah, Edmond Faycial Tapsoba, Piero Hincapie Reyna, Exequiel Palacios (Robert Andrich, min. 68), Josip Stanisic (Victor Okoh Boniface, min. 45), Xhaka, Grimaldo (Adam Hlozek, min. 68), Florian Wirtz (Schick, min. 80), Jeremie Frimpong (Nathan Tella, min. 80) y Amine Adli

Goles 1-0 min. 12: Ademola Lookman. 2-0 min. 25: Ademola Lookman. 3-0 min. 75: Ademola Lookman.

Árbitro István Kovács

Tarjetas amarillas Djimsiti (min. 22), Florian Wirtz (min. 34), Gianluca Scamacca (min. 35), Zappacosta (min. 59), Edmond Faycial Tapsoba (min. 67), Teun Koopmeiners (min. 70) y Robert Andrich (min. 73)

“Gasperini me ha respaldado dándome minutos y jugando un fútbol de ataque”, dijo el héroe de la noche, que con 26 años apenas gozó de minutos en el Everton, el Leicester, el Leipzig y el Fulham, antes de recalar en Bérgamo. “En cada conversación el míster me mostró que podía jugar un fútbol totalmente diferente. Me enseñó a pensar de otra manera y me llevó a un nuevo nivel”.

Gian Piero Gasperini, uno de los zorros más iconoclastas de los banquillos europeos, movió las piezas a posiciones que llevaron al Leverkusen a un escenario desconocido. La presión adelantada, al hombre, sin cuartel, constante, exhaustiva, obligó al Leverkusen a jugar la pelota con su extensa nómina de centrales. Hasta cuatro empleó Xabi Alonso: Tah, Hincapié y Tapsoba en el medio de la zaga, y Stanisic en el lateral derecho. Este reparto, que en defensa es un búnker y en las transiciones rápidas resulta sorprendente, se vio desconcertado ante la obligación de encontrar líneas de pase a ciegas. El acoso de Lookman, Scamacca, De Keteleare, Ruggeri, Koopmeiners y Ederson, desconectó al Leverkusen. Sobrevino una crisis y cuando Wirtz, Xhaka y Palacios acudieron a dar apoyos se vieron desbordados por un rival que tenía más jugadores capacitados para manejarse en espacios reducidos. Los volantes ganaron a los defensores.

Puestos a tomar decisiones en 360 grados a la máxima velocidad posible para salir de los atolladeros que se formaron frente a su área, los centrales del Leverkusen se encontraron en una situación antinatural. Sometidos al estrés de desenvolverse tan cerca de su portería con los rivales hostigando sus zonas, afloraron sus carencias. El exceso de centrales del Leverkusen dejó de ser una ventaja para convertirse en una rémora organizativa que infectó a todas las líneas. Temblaron los defensas con la pelota, la inseguridad los aturdió cuando debieron actuar sin ella, y esto afectó a los centrocampistas. Forzados a acudir en ayuda, Xhaka y Palacios acabaron agobiándose porque sentían que cualquier esfuerzo sería insuficiente ante un adversario que contaba con futbolistas mejor equipados para gestionar la pelota en espacios reducidos. Puede que Lookman, De Keteleare, Ruggeri y Zappacosta no sean de la familia de los volantes, pero como mínimo son primos hermanos. Su sintonía con Ederson y Koopmeiners fue perfecta.

En pleno desconcierto del conjunto alemán aparecieron Zappacosta y De Keteleare por el flanco derecho. El lateral metió un centro y Lookman lo interceptó en el segundo palo sin que Palacios fuera capaz de reaccionar a su desmarque. El gol hundió al Leverkusen en la desesperanza. Se hizo evidente que el plan de Alonso precisaba una revisión profunda. Solo habían transcurrido 12 minutos. Pero el técnico prefirió esperar al descanso. A ver si aparecían Wirtz, Grimaldo o Frimpong.

Wirtz se queda sin piernas

Fue la hora de Florian Wirtz. El jugador alemán de moda, un prodigio de imaginación de solo 21 años, se hizo más necesario que nunca para sus compañeros. Hasta ahora había brillado como diez, bien protegido por nueve compañeros que corrían a destajo por él en un esquema hecho a su medida: 5-2-1-2. Ante la evidencia de que el Bayer no podía salir de su campo, Wirtz se impuso un ejercicio de responsabilidad y abandonó sus posiciones creativas en el último tercio para bajar a pedir la pelota. Solo así se hizo la luz entre su tropa, sobre todo entre los asfixiados Xhaka y Palacios. Pero la claridad duró poco. A Wirtz lo persiguieron Ederson y Hien. Los relevos de los jugadores del Atalanta para enlazar al pequeño timonel fueron asombrosamente coordinados. Wirtz sintió los efectos muy pronto. De tanto correr 70 metros arriba y abajo, acabó por perder las piernas. Se advirtió en sus elecciones erradas y en sus intervenciones cada vez más espaciadas. Wirtz nunca se caracterizó por su condición de fondista. Lo pagó su equipo cuando necesitó el despliegue de todos en la emboscada de Gasperini.

El Leverkusen no salía del túnel cuando en el minuto 25 su portero sacó en largo para evitar la presión, Adli bajó de cabeza para Wirtz, que no llegó, y Lookman se quedó con la pelota. El nigeriano avanzó por la izquierda, regateó a Xhaka, y ante el pasmo de Tapsoba y Tah que tardaron en cerrar, definió al segundo palo con un trallazo. El equipo de Alonso no superó el golpe. Ni los cambios tras el descanso lo reanimaron. Lookman, en un contragolpe conducido por Scamacca, liquidó la final con un hat-trick que la ciudad de ­Bérgamo festeja como un regalo divino.

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